Final del juego de Julio Cortázar | Reseña

“Final del juego” fue mi segundo acercamiento a Julio Cortázar. Si bien disfruté algunos cuentos de “Bestiario”, no lo recomendaría como el primer libro para leer al argentino. En cambio este libro lo disfruté muchísimo y es ideal para comenzar a leer al argentino. Algunos de sus cuentos se convirtieron de inmediato en favoritos personales.

¿Qué hay en “Final del juego”?

La colección se compone de 18 cuentos, divididos en tres secciones. Inicia con uno de los mejores y más famosos cuentos de Cortázar: “La continuidad de los parques”. Es breve y perfecto. No diré más porque cualquier detalle lo echa a perder, pero releerlo mil veces no cansa. No abordaré la lista completa de cuentos, sino que me limitaré a hablar del tono general del libro y de algunos relatos que me encantaron.

Desde que inicia a colección, nos avienta de golpe relatos que juegan con dos elementos esenciales: la confiabilidad de quienes narran, y un jugueteo alrededor de los límites entre la realidad y lo mágico.

“No se culpe a nadie” es un cuento maravilloso y desesperante de principio a fin. En él, durante todo el cuento, leemos a quien narra batallar para ponerse un suéter. Las texturas y la claustrofobia de perderse en el interior de la prenda hacen del cuento un viaje frustrante con un final predecible, pero igualmente efectivo y satisfactorio.

El viaje entero

Poco a poco otros cuentos como “El río” y “La puerta condenada” nos adentran en personajes que narran historias que se pierden entre lo real y lo onírico. La primera sección cierra con uno de mis favoritos: “Las Ménades”. Es fabuloso: narrado en primera persona, su protagonista va a un teatro para escuchar música en vivo. La orquesta la dirige alguien que en su ciudad se ha vuelto muy apreciado.

De manera lenta y sutil, Cortázar nos muestra el fanatismo llevado a extremos inimaginables y la resolución es tan sorprendente e impactante, como inevitable. El efecto se logra, en parte, gracias a que la narración pasa poco a poco de una posición antagonista hacia las demás personas, a una de empatía.

La segunda sección tiene títulos como “El ídolo de las cícladas”, “Una flor amarilla” y “Sobremesa”. Todos usan el lenguaje de forma cuidadosa para crear ambientes con toques fantásticos y un tanto misteriosos, aunque cada un a su manera. “Sobremesa”, en particular, hace un juego magnífico con los tiempos.

El final del juego

Cada cuento en la última sección nos guía a un clímax en esta frontera con lo irreal. “Después del almuerzo”, por ejemplo, nos cuenta la historia en voz de alguien joven, quizás en su niñez. Debe sacar a pasear a algo o alguien que le desagrada y tiene un aspecto que llama la atención de las personas que les rodean mientras van por las calles del centro de Buenos Aires.

Axolotl

“La noche boca arriba”, por su parte, vuelve a jugar con los tiempos para narrar dos historias. Una es la de un accidente en motocicleta; la otra, la de un indio moteca que huye y se esconde de aztecas que buscan prisioneros para sus sacrificios humanos. El giro del final es magnífico y el cuento es uno de los más reconocidos de Julio Cortázar. Asimismo “Axolotl” es bellísimo y vale la pena leerlo sin que les diga detalle alguno del texto.

Por último, el cuento homónimo, “Final del juego”, nos da un descanso. Es un cuento lleno de nostalgia y melancolía, acerca de la madurez y el paso de la infancia a la adultez. Es un bello cierre, para un libro lleno de emociones que van de la intriga y la sorpresa, al miedo y al sufrimiento. Cuenta la historia de unas niñas que salen a jugar cerca de donde pasa el tren. En él ven viajar a un muchacho que después va a visitarlas.

Sobre este cuento se puede decir todo y no valdría la pena. El juego de las niñas, las interacciones entre ellas y con el chico, y cada elemento en él, merecen ser leídos. El cuento funciona como un todo que es más que la suma de sus partes y resulta conmovedor y bello.

“Final del juego” es una colección ideal para quienes no hayan leído nada de Cortázar, así como para quienes amen su estilo. Es prácticamente imposible leerlo y no amar por lo menos un par de sus cuentos. Sus juegos con narradores y tiempos, así como sus resoluciones tan sorprendentes como inevitables, hacen de esta antología un deleite.

Escribo propio y edito ajeno. Leo menos de lo que quisiera. Juego más de lo que debería. Disfruto estar con quienes amo, el cine, los libros, las niñerías y las ñoñerías. Recomiendo cositas en twitter.

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